El Servicio de Endocrinología y Nutrición del hospital almeriense desaconseja las dietas extremas y propone cinco hábitos sencillos y sostenibles para cuidar la salud metabólica tras las vacaciones.
El Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario Torrecárdenas recomienda recuperar de manera progresiva, y no de golpe, los hábitos que cuidan la salud metabólica tras el verano. El cambio de horarios, las comidas fuera de casa, los viajes y la menor regularidad en el descanso o el ejercicio que trae esta época del año no se corrigen, según este servicio, con dietas extremas ni con planes de ejercicio muy exigentes, sino marcando objetivos sencillos y mantenibles en el tiempo.
El jefe del servicio, Pedro Mezquita, explica que «la vuelta a las rutinas puede convertirse en una buena oportunidad para revisar nuestros hábitos cotidianos y recuperar aquellos que nos ayudan a sentirnos mejor, pero sin plantearlo como un castigo ni como una carrera por obtener resultados inmediatos».
Más allá del peso
El servicio recuerda que la salud metabólica no se mide solo por el peso corporal, sino que incluye también la adiposidad, la presión arterial, los niveles de glucosa y lípidos o la condición física. Todos estos factores influyen en el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2 o las patologías cardiovasculares. «Cuidar la salud no consiste en compensar en unas pocas semanas lo que hemos hecho durante un periodo determinado. Lo importante es construir un patrón de vida suficientemente saludable, compatible con nuestras circunstancias y que podamos mantener a largo plazo», señala Mezquita.
Cinco hábitos para recuperar
El servicio propone cinco pautas concretas:
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—Volver a una alimentación sencilla, basada en alimentos frescos o poco procesados: frutas, hortalizas, legumbres, cereales integrales, frutos secos, pescado y aceite de oliva, sin eliminar grupos de alimentos ni recurrir a productos «detox».
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—Elegir el agua como bebida principal y frecuente.
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—Moverse con regularidad: caminar, subir escaleras o evitar pasar mucho tiempo sentado, sin necesidad de ir al gimnasio. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda a la población adulta entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad vigorosa, además de ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana.
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—Mantener horarios regulares y proteger el descanso, reduciendo la actividad al final del día y adelantando poco a poco la hora de acostarse.
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—Fijar uno o dos objetivos concretos y mantenerlos varias semanas antes de añadir nuevos cambios.
Sobre el ejercicio, Mezquita aconseja «comenzar con una cantidad de ejercicio asumible y aumentarla progresivamente», ya que resulta «una estrategia más segura y realista» que empezar con una actividad demasiado intensa que luego no se pueda mantener.
Objetivos concretos, no propósitos generales
Para el último de los hábitos, Mezquita pone ejemplos: «Plantearse caminar durante 30 minutos tres días a la semana o llevar fruta al trabajo resulta más eficaz que formular propósitos generales». Y añade: «No debemos buscar la perfección, sino hábitos que podamos repetir. Un cambio pequeño, adaptado a la vida cotidiana y mantenido en el tiempo puede resultar más beneficioso que un programa muy estricto que se abandona a las pocas semanas».
El servicio precisa que, cuando existe sobrepeso u obesidad, la pérdida de peso puede formar parte de los objetivos a tratar, pero no debe plantearse como una respuesta urgente tras las vacaciones: su abordaje debe individualizarse según la situación clínica y las posibilidades de cada paciente, contando si es necesario con apoyo profesional específico.